Impacto para la salud
Las predicciones apuntan a que el futuro desarrollo de fármacos contra los virus ARN tendrá un impacto muy significativo sobre la calidad de vida del ser humano por lo que respecta a su salud. Las tres clases de virus ARN incluyen más de 350 grandes patógenos humanos diferentes y la mayor parte de los agentes etiológicos de enfermedades emergentes. Estos virus son responsables no sólo de enfermedades benignas muy frecuentes (que, sin embargo, tienen un tremendo impacto económico, véase más adelante), sino también de millones de muertes cada año, tanto en países industrializados como en aquellos en vía de desarrollo. Entre los agentes más notables se encuentran los virus ARN de la gastroenteritis (>1 millón de muertes anuales), sarampión (>45 millones de casos y >1 millón de muertes anuales), gripe (>100 millones de casos anuales), dengue (300 millones de casos anuales), enterovirus (varios millones de casos de meningitis anuales) y virus de la hepatitis C (>150 millones de personas infectadas en todo el mundo).
Si bien existen algunos tratamientos para patógenos celulares cuyo ciclo vital se basa en el ADN, existen pocos fármacos antivirales eficaces contra los virus ARN.
Por consiguiente, el desarrollo de fármacos contra los virus ARN (la meta última del proyecto VIZIER) se está convirtiendo en una prioridad absoluta para los programas mundiales de asistencia sanitaria. Entre algunos de los caminos por los que los equipos del proyecto VIZIER esperan avanzar, se encuentran el diagnóstico molecular y el modelado epidemiológico de las infecciones por virus ARN. Ambos aspectos se beneficiarán de la caracterización genética completa de los virus ARN humanos llevada a cabo en el ámbito de este proyecto.
Asimismo, el consorcio VIZIER quiere contribuir a mejorar la percepción pública general de la ciencia. Cada vez resulta más obvio que nuestra sociedad, en el futuro, tendrá que enfrentarse a emergencias relacionadas con amenazas o epidemias víricas y que estas amenazas tendrán un gran impacto en la opinión pública. Y no sólo los administradores sanitarios tendrán que responder de forma adecuada y rápida (horas o días), sino que el público también demandará que los científicos estén listos para responder de la forma más rápida posible. Es entonces cuando surgirán preguntas desconcertantes. ¿De qué modo puede reaccionar la ciencia con rapidez ante un patógeno emergente previamente desconocido? Se puede encontrar una respuesta en el poder predictivo de la caracterización genética completa de los virus ARN humanos llevada a cabo en el marco del proyecto VIZIER. De hecho, la reciente epidemia de neumonía atípica causada por el coronavirus del síndrome respiratorio agudo grave (SRAG-CoV o SARS-CoV) constituye un instructivo ejemplo, no sólo para las expectativas públicas, sino también sobre cómo puede abordarse. Cuando se hizo pública la secuencia completa del genoma del SRAG-CoV en abril de 2003, transcurrieron sólo unos pocos días hasta la publicación en literatura electrónica del primer modelo estructural de la proteasa clave del SRAG-CoV (por parte de un socio de VIZIER), posibilitando el diseño de fármacos en cuestión de meses. Esta respuesta excepcionalmente rápida resultó posible gracias a que el mismo grupo había resuelto previamente la estructura cristalina de una proteasa relacionada estructuralmente (procedente del virus de la gastroenteritis transmisible (TGEV), un patógeno animal irrelevante para la salud humana). En consecuencia, poco después de reconocer el agente causante del SRAG como un coronavirus, se pudo extender este modelo al SRAG. Gracias a la determinación de las estructuras cristalinas de las enzimas clave de todos los géneros, incluidos los patógenos de los mamíferos, VIZIER conseguirá que este inusual y sobresaliente logro resulte posible de forma más generalizada, estableciendo una fuerte conexión entre la investigación de alta tecnología y las necesidades públicas. De igual modo, se pueden aplicar consideraciones muy similares ante las amenazas planteadas por el bioterrorismo.
Si bien es cierto que pueden surgir en el futuro epidemias repentinas y novedosas, la realidad presente debe enfrentarse también a las enfermedades víricas existentes en la actualidad y endémicas, tanto combatiéndolas en sus territorios de origen como previniendo su propagación a nuevas áreas (por ejemplo, las epidemias del virus del Nilo Occidental y de la fiebre del dengue). Y, en este sentido, necesitamos nuevos fármacos antivirales desesperadamente.